Volver a vivir

Josefina Queiruga, con sólo 11 años, es una guerrera de la vida: recibió dos trasplantes de riñón en un lapso de 2 meses, porque su cuerpo había rechazado el primero. Hoy, gracias a su garra, su amorosa familia y a nuestro gran equipo profesional, se reinserta en su vida y deja atrás la diálisis.

“Estábamos de vacaciones en Mar del Plata cuando nos llaman la Dra. Laila Rodríguez y el Dr. Guillermo Hilchenbach y nos avisan que estaba el donante para mi segundo trasplante. Me perdía las vacaciones que tanto me estaban divirtiendo, pero no podía desaprovechar la oportunidad”, cuenta Josefina.

– ¿Estabas cansada de la diálisis?
Mucho. Tanto que en su momento tuve que dejar el colegio de la mañana y quedarme sólo con el Santa Cecilia, que es para ciegos.

– ¿El trasplante te cambió la vida?
Sí, ahora estoy comiendo casi todo lo que quiero, como milanesas y fideos con estofado (se ríe). A veces todavía siento que tengo el catéter de diálisis, por la costumbre… Pero es sólo la sensación.

Silvina y Hernán, sus papás, también se sienten diferente. La ven más alegre y con mucha energía para hacer todo lo que Josefina ama como tocar el piano, la flauta, cantar, ir a musicoterapia y la computación , disfrazarse de princesa, ver Disney Junior en la tele y escuchar a Luciano Pereyra.

Me pregunto cómo estarán los otros chicos que todavía esperan un donante.”
– Si te los encontraras, ¿qué les dirías?
Que no pierdan las esperanzas de que les llegue un órgano. Y que si les fue mal en la primera, seguro van a tener otra chance 

Josefina es una nena muy valiente, tiene acondroplasia y ceguera de nacimiento y enfrenta cada desafío con sumo coraje. “Jugar al trasplante en TAC me ayudó mucho. Tocar el riñón de juguete, saber qué tamaño tenía y dónde me lo iban a poner me dejó más tranquila. Eso y estar de la mano de mi mamá cuando me llevaron al quirófano y me dieron la anestesia para la operación.”, asegura con soltura, como cuando pide el micrófono en el colegio para hablar o cantar.

Soñadora y ya en 6to grado, ahora puede hacer planes a futuro. Fantasea con el viaje de egresados 2020, rodeada de sus amigos: “ellos siempre están conmigo aunque sean distintos a mí”. Ama su colección de sonajeros aunque le digan que es para bebés y adora ponerse los tacos de su mamá por el repiqueteo que se escucha al pisar. Madrina de su primita más chica, se imagina trabajando con su papá o como locutora de radio.

Sí, es un volver a vivir. Josefina ahora puede meterse al mar, bailar reggaetón con su hermano, correr y andar en triciclo. Sus papás la ven disfrutar y sonríen, como cuando tratan de darle todos los gustos para hacerla feliz. Como ese día que en ITAC triunfaron la medicina y el amor, una vez más.

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